He estado pensando un poco, en parte a raíz del documental de la anterior entrada, en parte por el bombardeo informativo sobre las primarias estadounidenses, sobre la gente en las altas esferas. Me pregunto, qué tipo de personas serán. No los políticos, sino la gente que tiene poder y está en la sombra. Esa es la que me intriga y me pone nervioso, supongo que a casi todos.
Es duro pensar que hay manos invisibles que pueden afectar a tu vida y manipularte, condicionarte o hacerte la vida más difícil a su antojo.
Volviendo a las altas esferas, realmente se conoce muy poco de la gente con altas cotas de poder. ¿Son tan humanos como tú o yo? ¿Son mentes perversamente manipuladoras que se regocijan con risas estridentes a cada golpe de timón? Quizá la visión más normalizada sea esa, para tener poder has de ser malo (o haberlo sido). El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, así que mientras más poder tengas, peor persona debes ser, ¿no?. El cine parece compartir esa visión, pocas veces vemos a personas poderosas y de buen corazón, salvo quizá Batman que estaba podrido de dinero y se iba a jugar con juguetitos por las noches a pegar palizas cuando se jartaba de Ferrero-Rocher… que snob.
Se me ocurre una razón para que el estereotipo anterior se cumpla: cada poder conlleva una responsabilidad (by Spiderman, hoy va la cosa de superhéroes), así que en el ejercicio de dicha responsabilidad seguramente han de tomar decisiones realmente difíciles.
Y esas decisiones comprometen su humanidad, así que con el paso del tiempo, se deshumanizan en su poderío.

De todas formas, puede que sólo se trate de un cliché, y todos los poderosos estén ligados a su Rosebud particular, siendo humanos al fin y al cabo. Humanos con ambiciones, pero humanos… así que puestos a temer, temamos a la persona, no al poder que sustente.