He estado tentado de escribir sobre San Valentín, pero creo que diría las mismas cosas que casi todos pensamos. Lo curioso es que a pesar de estar convencidos de que es una fiesta artificial para los españoles, igual que halloween o papá noel, seguimos el juego. A pesar de ser conscientes de que es una fecha producto del marketing pasamos por el aro de regalarnos flores, bombones o similares. Quizá para no ser tachados de poco románticos… o simplemente para no desentonar. Así que la entrada de hoy no va sobre San Valentín, va sobre la doble moral de las personas.
Siguiendo con otro ejemplo más crudo, me encanta la carne. Un buen solomillo de cerdo es algo “que quita er sentío!”, o una buena ración de jamón de pata negra hace que me empiece a salivar la boca, de sólo escribirlo. Supongo bastantes de los que leéis esto están de acuerdo conmigo, y probablemente si fueramos a un matadero y vieramos el proceso de despiece, como mínimo, se nos revolvería el estómago. Y cómo lo sabemos, no vamos para ahorrarnos el mal trago… buena posición moral: ignorar lo que nos incomoda.
Tres cuartos de lo mismo pasa con los anuncios del tercer mundo y sus niños con barrigas inchadas y llenos de moscas. Zapeamos para poner algo más interesante sin ni siquiera parpadear ante la desgracia y miseria humana. No los conocemos, su vida es trivial. No es que nos alegremos de su sufrimiento, ni muchísimo menos… pero tampoco estamos dispuestos a dar ni un céntimo para mejorar su calidad de vida. Podría decirse que no nos importa, o nos importa de una forma pasiva. De nuevo la doble moral: la moral de lo que debería ser (un mundo sin hambre) y la moral verdadera y mezquina que nos dice que no es nuestro problema, que nos pilla lejos, que no podemos hacer nada para ayudarles, etc, etc.
Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver, no podría estar más de acuerdo. Aún así, me parece fascinante la capacidad del ser humano para obviar sus preceptos morales a favor de sus intereses.
He visto un par de casos en las noticias, uno de un señor de mediana edad y otro de un joven de 13 o 14 que se encontraron carteras llenas de dinero en la calle y las llevaron a la policía. Sí, salen en las noticias como muestras de honradez y dignidad… o estupidez. Por que nuestra moral, la falsa, la de quita y pon, nos dice que son ejemplos para todos, héroes. La verdadera sin embargo nos recuerda que son imbéciles mojigatos que han dejado escapar un montón de pasta “llovida del cielo”.
Quizá sería necesaria una revisión de nuestros principios. Formar una moral consistente, quizá un poco más lejos de los preceptos de solidaridad y bien común, pero que se adapte mejor al mundo en que vivimos. Creo que las vivencias distorsionadas en tercera persona contadas por cuatro autores debutantes hace dos mil años han dejado de ser un paradigma universal como se pretende que sean.
Puede que elegir un sistema de valores más laxo o más egoísta no suene a solución con los tiempos que corren, pero me parece mejor alejarme de la santidad para vivir la vida de una forma coherente en todos sus actos bajo la misma moral que ser una falsa buena persona que se coloca caretas distintas según le convenga.
También podríamos asumir que el esquema de moral-ideal que tenemos, y no somos capaces de cumplir, es el adecuado y que nuestras flaquezas son sólo fallos de comportamiento (que luego nos reconcomen la conciencia); pero sería negar una parte real de nuestra naturaleza humana, la mala. O puede que, por definición, la moral sólo deba estipular el comportamiento de nuestro lado bueno.
14 14UTC Febrero 14UTC 2008 at 11:45 pm
tema peliagudo
14 14UTC Febrero 14UTC 2008 at 11:46 pm
pizpiretamente escueto