Ella no era guapa, ni siquiera a los ojos de los abundantes borrachos del local. Era voluminosa, que no voluptuosa, tenía rayas, grises y negras.. poco llamativas a decir verdad. Pelo lacio, mirada perdida con una triste expresión de cansancio interior. Se balanceaba a izquierda y derecha como una enorme torre apunto de derrumbarse y entonces en vez de caer, ascendió: subió fatigosamente a una de las plataformas de la discoteca y se bajó un tirante del sujetador del hombro. Ya está, ya soy sexy pensó. Se limitó a continuar con su mecer sin viento y a esperar.. y no esperó mucho. Cinco minutos más tarde ya no estaba, se la habían llevado como si de un caramelo en la puerta de un colegio se tratase, o de un pedazo de carne en el mostrador de una charcutería. Ya no estaba, se la habían llevado.. me invadía un cierto estupor: se la habían llevado. “Aqui estoy, no soy guapa, no voy a hablar, no voy a pedir explicaciones, llévame contigo, estoy de oferta”.