Estaba acordándome de un amigo hace un rato, seguro que también tenéis algún amigo igual: es de los que se quejan por todo. El caso es que el tío es muy listo, o al menos lo parece. Me pregunto si debajo de esa fachada quejumbrosa y de eterno inconformista hay verdadera inteligencia o sólo hábitos de enfermo terminal. Lo digo por que quejarse y ser inteligente se confunden a menudo. Los tontos por lo general no protestan, aunque a veces haya que ser bastante listo para callarse.
Para concretar pongo varios ejemplos:

  • Primer ejemplo:
  • Sujeto normal: “He visto la peli de matrix y me parece una gran película, te da que pensar”.
    Sujeto pesimista-intelectual: “Es una mierda, es una copia”.

    Probablemente ni la haya visto, pero parece que habla con otra autoridad moral muy superior al primero, ¿o no?.

  • Segundo ejemplo:
  • Sujeto normal: “He escuchado tal disco de un grupo nuevo que me han dejado”
    Sujeto pesimista-intelectual: “Ah sí, al principio parece bueno, pero luego te das cuenta de que es una puta basura de mierda y habría que estar sordo y en pelotas para no darse cuenta”

    Vale, el típico truco de “yo antes estaba en tu lugar, pero ahora soy mejor”. Esencia del pesimismo-intelectual donde las haya.

  • Tercer ejemplo:
  • Sujeto pesimista-intelectual: “Joder, el otro día iba corriendo y pisé una cascara de naranja, casi me mato”.
    Sujeto normal: “La gente, que tira las cosas en cualquier sitio”
    Sujeto pesimista-intelectual: “Sí, el sistema no funciona.. si todos pusieramos algo más de nosotros mismos, pero no, en este puto país todo el mundo mira a su ombligo y punto”
    Sujeto normal: “¿La recogiste?”
    Sujeto pesimista-intelectual: “¿Estás loco, me ves cara de pringao?”
    Sí sí y mil veces sí, quejarse como sustitutivo de la acción: ¿para qué coger la bici para ir al trabajo aunque vivas a 200m si puedes coger el coche meterte en un atasco y quejarte durante horas?.

El caso es que quejarse reconforta y mucho. Pero una cosa es que nos aliviemos de vez en cuando y otra que nos convirtamos en mártires porque nos enganchemos a la sensación de que se nos hinche la vena del cuello. Y todavía peor es el pesimista-intelectual que ni siquiera se queja por que le de gustito, sino para aparentar ser más inteligente: ¡No les dejéis, desvelad su secreto!