Leo en este blog algunos comentarios sobre los efectos de la ley antibotellón en Sevilla, su aplicación y primeros conflictos. También hay referencias en el país acerca de la actuación policial, conflictos, etc.

botellón en sevilla

Realmente me siento decepcionado por la clase política. La regularitis está pegando realmente fuerte y creo que en ese sentido, igual que en lo referente a la libertad digital, legislar es equivocarse. Creo que cosas como éstas, realmente impopulares son las que pasan factura a los políticos. Señores, que poca vista electoral.
Que el botellón es un problema es una premisa demasiado comúnmente aceptada. No es un problema, ni de salud pública (porque entonces se debería prohibir el alcohol, no la consumición circunstancial), ni de orden público. En todo caso es un conflicto, que tiene fáciles soluciones, aunque puede que no baratas.
En los botellones se bebe, se grita, se produce basura y se molesta a los vecinos. Quien lo niegue es que nunca ha estado en alguno. Pero también, y creo que es lo fundamental, se está a gusto. El botellón es una respuesta colectiva de varias generaciones a la pobreza que sufren y a la necesidad de relación social que tenemos como personas.
Los bares no están al alcance de todos, la calle si. La calle es de todos. Parece que mientras más “civilizados” son los regímenes en los que vivimos, más caro es todo. Vivir cuesta dinero, respirar por ahora no, pero tiempo al tiempo.
En su favor he de decir que nunca la policía me ha tratado mal, y si mi tono era irrespetuoso con las personas que dormían, en cuanto me han indicado que así lo era he dejao de armar jaleo y/o me he desplazado del lugar en el que me encontraba por ser inadecuado.
Pero el gran fallo es no habilitar lugares adecuados. Hay que ofrecer alternativas antes de prohibir, aunque el lobby de empresarios de la noche o de vecinos insomnes les presionen.
“No se pueden criminalizar comportamientos socialmente admitidos”, como decía una jueza sobre la copia privada.

Mossos d'esquadra cargando

Los romanos pensaban que mientras el pueblo tuviera panem et circenses, lo que en nuestros tiempos vendría a ser botellón y fútbol, todo iría bien. Pues se acabó el pan, empezaron los problemas para la clase política. No auguro re-elección del partido gobernante. Es IMPENSABLE en nuestros tiempos prohibir el derecho a reunirse libremente, con o sin presencia de alcohol. No se puede castigar a la gente por reunirse, sí por tirar basura o por escándalo público. Es el matiz que le sobra a la ley, la libre asociación. Además, la policía también actuaba ANTES de la ley instándote a no armar jaleo ni tirar la basura en la vía pública, por lo que resulta obvio que este nueva ley no era necesaria. Pero al parecer es más cómodo “legitimar” los porrazos y la violencia del Estado con un nuevo instrumento que fomentar el diálogo o la concienciación social.

Ahora empezarán los incidentes porque la gente bebe en su piso y no deja dormir a los vecinos.
No han eliminado el conflicto, sólo lo han deslocalizado. Enhorabuena.