Miedo. Miedo es lo que me provoca Lucía Etxebarría en su artículo de hoy en la última página del diario ADN, en una única columna: “Feminazis y machistófeles“. Leedlo, no tiene desperdicio.

Al buscar la referencia online me ha llamado la atención que los comentarios han sido realizados, creo que en la totalidad, por hombres. Una lástima, me gustaría ver a alguna mujer opinar en contra, sin que la sombra del corporativismo de género desvirtúe o dé lugar a sospecha en su opinión.

Lucía, escribir ésto me resúlta difícil por varios motivos:
El primero es que te encuentras entre las literatas favoritas de mi madre, así que aunque nunca he leído un libro tuyo, y en virtud a su criterio literario no se me ocurre cuestionar tu capacidad de expresión, entretenimiento, originalidad o cualesquiera que sean las virtudes necesarias para ser novelista hoy en día. Así que tranquila, seguro que eres una excelente escritora por mucho que intenten erosionar tu imágen en ese plano.
El segundo es que me jode, y no sabes cuanto, ponerme del lado de Jiménez Losantos y Arturo Pérez Reverte. Me fastidia de sobremanera, el primero por motivos obvios, y el segundo porque opino que un escritor, por muy académico que se considere, no debe endiosarse y dedicarse a la trifulca mediática con otros escritores. La polémica vende, pero que la competencia por el público de una novela deba ser tan feroz… si hay dos novelas buenas la gente las compra las dos. Si hay necesidad de enfurecer, crispar y radicalizar el mercado, es porque se tiene miedo de que no sean tan buenas, ¿no?. Arturo, tu deberías estar por encima de eso.
El tercero es que en tu foto (sólo edición impresa) sales un poco compujida, casi llorando. Pero mujer… ¡qué foto más artística! Demasiado para mi gusto si hablamos de machismo y feminismo. Uno debería procurar mostrarse en la medida de lo posible digno e imperturbable, ya que en este caso una foto como la tuya incita a la compasión por las mujeres y dudo que eso sea positivo. Las mujeres me inspiran IGUALDAD, no compasión.

Metiéndome de lleno en tu artículo, creo que intentar criminalizar (creo que este término es más aceptable que nazi) linguísticamente el uso “machista” del neutro es un error, un gran error. Dices texualmente (para aquellos tan vagos de no leer el enlace) “…del Estatuto de Andalucía que, siguiendo las directrices de sus políticas de igualdad de oportunidades, ha sido redactado con lenguaje no sexista. Un lenguaje incluyente que se refiere a la población y a sus representantes en masculino y femenino“. Bien, voy a poner un ejemplo en el que espero no estar pecando de demagogo:
En una clase mixta la profesora dice “Para mañana, todos me entregáis el ejercicio de la página 34″. ¿Acaso a alguna niña se le ocurriría sentirse excluída de la sentencia de la profesora? La respuesta es NO. El lenguaje común tiene un contexto, y el legal o político también. Si la constitución dice “todos los españoles somos iguales ante la ley”, ¿resulta lógico pensar que las mujeres puedan sentirse excluídas de esa frase? Desde luego no me parece nada razonable y si así fuera me veo en la obligación de tildar al sujeto en cuestión de “grammar nazi” como un amigo mío le respondió a otro en un chat de internet al corregirlo sobre si era español o hispano…
Yo creo que lo realmente excluyente en el lenguaje es presuponer machismo. El uso del masculino referido a conjunto corresponde a una optimización del lenguaje y a una realidad linguística extra-académica. Pedir una alusión explícita al género femenino referida a grupos mixtos demuestra observar desde una óptica machista la realidad. No se puede prejuzgar como machista lo que no es explícitamente feminista. Se puede ser feminista implícitamente. El lenguaje es mucho más polivalente y va mucho más cargado de significado de lo que a algunos les gustaría reducir.
Aprovecho para decir que el término feminista es muy equivocado, debería llamarse igualista o generista. Frases como “los hombres han dominado en toda la historia, ahora nos toca a las mujeres” (que son más comunes de lo que parece) revelan que hay un cierto deseo oculto y fetiche de inversión de papeles, no de alcanzar la igualdad. Además, pocas mujeres protestan (me quito el sombrero por las que lo hacen) cuando se les cede el paso, se les abre una puerta o se les coloca una silla. Esas pequeñas cosas no son signos de refinada educación, es machismo en estado puro, pero pocas parecen quejarse porque, no nos engañemos, el machismo considera más débil a la mujer y en cierta medida ese trato de favor les interesa. Pues muy mal, o igualdad o machismo, pero el ancho del embudo no me parece justo. Realmente son tan insignificantes las cosas que puede aportaros el machismo que deberíais lanzaros con los brazos abiertos a abrazar la igualdad (no el feminismo) sin dar motivos a malpensados como yo para poneros en el punto de mira por ejercicios de hipocresía sexista.

Y ahora, debido a la corriente incitada y/o impulsada por gente como tú, Lucía, me veo en la necesidad de declararme explícitamente a favor de la igualdad de derechos de la mujer y el hombre (la mujer primero, con cortesía machista), porque sino lo hiciera ardería no en el infierno de los machistofélicos Jiménez Losantos y Reverte, sino en el Auschwitz feminista que promueves.
Un afectuoso abrazo Lucía.